11 de febrero de 2013

Aprende a interpretar las etiquetas de tus cosméticos


Los cosméticos ya forman parte de nuestro día a día. Cada vez son más las mujeres -y los hombres- que dedican más que unos minutos al día a aplicarse productos que mejoran el aspecto externo. Las grandes marcas lo saben y no dudan en lanzar sucesivas campañas para captar y fidelidad a su clientela. ¿El gancho? Los resultados prometidos. No hay mejor cebo que el anunciar el rejuvenecimiento radical de la piel del rostro, la desaparición de las odiadas patas de gallo o la eliminación de las manchas solares. Sin embargo, no es oro todo lo que parece. 

Cosmética y lenguaje
Gracias a la publicidad, nuestro vocabulario cotidiano se ha enriquecido con palabras técnicas como Retinol, Coenzima Q-10, parabenos, colágeno, radicales libres, antioxidantes. Las pronunciamos sin cesar y aprovechamos cualquier conversación mínimamente relacionada para demostrar lo versados que estamos en química cosmética. Craso error, ya que, en general, no tenemos más que un conocimiento muy general y aproximado de lo que en realidad estamos usando. Y es que en el marketing cosmético, mil palabras valen tanto -o más- que una imagen. 

¿Cómo descifrar los componentes de los cosméticos?
La controversia despertada por algunos ingredientes y principios activos ha hecho que los consumidores demanden cada vez más información a los fabricantes. Quieren conocer hasta qué punto las palabras pueden convertirse en realidades. Eso se revela a menudo complicado. Por ejemplo, el colágeno como elemento activo de algunas cremas es todo un espejismo. Los expertos consideran muy complicado hacer llegar una ínfima dosis de éste a la dermis, por lo que la eficacia de tales productos queda en entredicho. 
En el caso de los tratamientos antiedad, se publicitan las bondades del ácido retinoico y el ácido glicólico. Sin embargo, pocos saben que, en realidad, ambas sustancias necesitan de la supervisión de un especialista para ser aplicadas al ser altamente irritantes. 
Además de leer toda la lista de componentes del producto, es importante comprobar que éste contenga, efectivamente el ingrediente activo clave para garantizar una mayor efectividad. El Retinol, el Proxylane o los filtros solares del tipo Mexoryl son claves. 

Hay que recordar, subraya el dermatólogo Ricardo Suárez (Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid), que la función principal de cualquier cosmético no es otra que mantener la piel suave y limpia para su correcto cuidado.  



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