24 de junio de 2013

De la mamografía a la citología: tus exámenes ginecológicos


La visita al ginecólogo es una cita imprescindible para toda mujer de una cierta edad y sexualmente activa. Sin embargo, la incomodidad que representa ese tipo de consulta suele provocar que muchas tiendan a aplazarla. Ir al ginecólogo puede convertirse en todo un trago si no existe una relación fluida y de confianza entre médico y paciente. Y es que el hecho de someterse no solo a un análisis de las zonas íntimas, sino a todo un cuestionario sobre diversos aspectos de la intimidad puede resultar incómodo. De todas formas, las revisiones ginecológicas son imprescindibles para garantizar la salud femenina. No en vano, gracias a ellas se descubren a menudo diversas patologías en su fase inicial, aumentando así las posibilidades de éxito de los tratamientos respectivos.

Las pruebas ginecológicas esenciales
En general, se considera que cualquier mujer adulta debería someterse al menos una vez al año a un examen ginecológico que comprenda cuatro aspectos fundamentales. Son los siguientes: 
- Test de Papanicolau. También conocido como citología exfoliativa o citología vaginal, es esencial a la hora de detectar el cáncer de útero o de cuello de útero. Se toman muestras de tres puntos distintos: el endocérvix, el cérvix y la vagina. El objetivo no es otro que detectar cambios en las células de estas zonas, previniendo el desarrollo de un cáncer. 
- El examen pélvico. Se centra en los órganos reproductivos de la mujer para estudiar su correcto funcionamiento. El útero, la vagina, los ovarios y las trompas de Falopio son los puntos clave analizados en este tipo de prueba. Solo se realiza en determinados momentos de la vida fértil de la mujer (embarazo, posparto, menopausia), en caso de detectar alguna anormalidad en los genitales femeninos o si se produce una violación. 
- Los ultrasonidos vaginales y abdominales. Gracias a ellos, puede conseguirse una exploración más profunda. Los primeros sirven para obtener una panorámica de los ovarios y la matriz, mientras que los segundos son esenciales para constatar la buena salud de la matriz, los ovarios, el útero y las trompas de Falopio. El objetivo sería confirmar que no existen tumores o anomalías en dichos órganos. 
- La mamografía. Toda mujer debería tener por costumbre palparse los senos en busca de bultos o tumores. No habría que esperar a acudir a la consulta del ginecólogo para comprobar la buena salud del pecho. En mujeres mayores de 35 años es recomendable hacer también una mamografía en toda regla. Sobre todo a partir de los 50 años, es importante no descuidar esta revisión y realizarla al menos cada dos años. 

Otras consideraciones sobre el análisis ginecológico 
Dependiendo de las necesidades de cada mujer, en el examen ginecológico pueden incluirse otras pruebas adicionales como una ecografía. Hay que recordar que este tipo de revisiones suelen comprender tres partes esenciales: un cuestionario clínico, una exploración física y las pruebas auxiliares. Cuanto más completos sean, más eficaz será la protección ofrecida a la mujer en campos esenciales como la prevención de distintos tipos de cáncer o la detección de enfermedades de transmisión sexual. 

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